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Discurso con ocasión al 199º Aniversario de la
Declaración de Independencia de la República
Bolivariana de Venezuela: inicio del ciclo
Bicentenario
Nueva York, 09 de Julio de 2010
Estamos
celebrando el Bicentenario de la Independencia de
Venezuela y la de otros países hermanos de nuestra
América. Obra del pensamiento y sacrificio de una
heroica generación que entregó su vida a la
liberación nacional.
En
América se originaron los procesos revolucionarios
más amplios que el mundo occidental haya conocido.
1810 fue el año decisivo. Año memorable que vió
nacer las revoluciones de Caracas, Quito, Buenos
Aires y Chuquisaca. El proceso fue simultáneo, pues
simultáneo fue la conformación de un ideario, que
bebía en las fuentes libertarias de cada pueblo, y
en las grandes revoluciones de su tiempo: la
Revolución Francesa y la Revolución Norteamericana.
Hace
Dos siglos se produce en el Continente Americano la
convergencia del pensamiento de hombres y mujeres,
que luchan por establecer nuestra identidad
histórica.
Desde
1810 hasta 1820 de los antiguos Virreinatos y
Capitanías Generales del Imperio Español surgen las
Repúblicas de Paraguay, Uruguay, Argentina, Chile,
Bolivia, Perú, y la Gran Colombia, germen de lo que
serían – años más tarde – Colombia, Venezuela,
Ecuador y Panamá. Fue singular la creación de la
República de Colombia, hija del esfuerzo y del
pensamiento del Libertador Simón Bolívar, que había
sido anticipada en los proyectos de los precursores
Francisco de Miranda y Antonio Nariño.
En el
extremo Sur de América, José de San Martin logró una
epopeya similar con la liberación de Argentina,
Chile, y el inicio de la Independencia del Perú.
Coincidente con la gesta libertaria de la América
Hispana, Lusoamerica, entonces Imperio del Brasil,
se incorporó a este proceso independentista. Era el
Brasil de Tiradentes, José Ignacio de Abreu y Lima y
José Bonifacio de Andrada.
La
integración de los pueblos y naciones fue en una
bandera enarbolada por los padres fundadores de
nuestras Repúblicas. Entre los ideólogos de la
integración ocupan un lugar relevante José Gervasio
Artigas, José de San Martin y Bolívar. “Para
nosotros – decía el Libertador Simón Bolívar – la
patria es América”.
Entre
las relevantes iniciativas de integración pueden
citarse, el Tratado de Alianza y Cooperación de 1822
de las Repúblicas del Perú y Colombia. La creación
de la República Centro-Americana, bajo la dirección
de José Cecilio del Valle y Morazán y la revolución
de José María Núñez de Cáceres que se propuso
integrar a Santo Domingo con la Gran Colombia.
En el
siglo XIX desaparece el mundo de las viejas
Monarquías. Se consolidan la revolución francesa,
norteamericana, haitiana y el proceso de revolución
política de nuestra América, terminado en 1824 en
Ayacucho y con la convocatoria del Congreso
Anfictiónico de Panamá.
Si presenciáramos un
diálogo imaginario entre Simón Bolívar y José María
Morelos; entre Francisco Morazán y Bernardo
O'Higgins;
entre Francisco de Miranda y Antonio Nariño; entre
Antonio José de Sucre y José Joaquín de Olmedo,
entre Alexandre Pétion y Simón Rodríguez, entre
Eugenio María de Ostos y Juan Pablo Duarte, entre
José Cecilio Del Valle y Pedro Gual, entre José
Martí y Andrés Bello todos coincidirían en el ideal
de una América libre, soberana e integrada.
En el
“Canto General”, en una hermosa edición ilustrada
por Diego Rivera, Pablo Neruda une a Caupolicán con
Sandino y Martí, canta a los Caciques y a los
Libertadores, une a aborígenes, obreros y campesinos
en un tapiz de historia y poesía.
Hace
casi 2 siglos, el 5 de Julio de 1811, tuvo lugar un
episodio fundamental en el proceso de Independencia
de Venezuela. Dos siglos que marcan las hazañas de
los lanceros a caballo, de los gauchos de la pampa,
de los aborígenes de Túpac Amaru, de los negros
esclavos, libertos en sus Cumbes.
Al
celebrar un nuevo aniversario de este magno evento,
y en el marco del ciclo Bicentenario de la
emancipación americana, ratificamos nuestra voluntad
de continuar la lucha por la independencia
definitiva de nuestra patria, en un mundo donde
prevalezcan la solidaridad, la igualdad, la justicia
y la libertad.
Reiteramos nuestra fe en el socialismo democrático y
en democracia; como referente de humanismo y como
expresión de paz, justicia y equidad en las
relaciones entre estados soberanos.
Invocamos la solidaridad como fundamento para
superar la violencia, la sumisión, la opresión, las
injusticias y las desigualdades que aún prevalecen
en el mundo.
La
revolución bolivariana, que se desarrolla en esta
hora de la historia, quiere contribuir a un nuevo
renacer de las esperanzas en América Latina, el
Caribe; y a la creación de un nuevo mundo donde
prevalezca la solidaridad y la igualdad entre las
naciones soberanas.
Hace
pocos días se congregaron en Caracas los Cancilleres
y Altas Autoridades de los 33 países que conforman
la nueva Comunidad de Estados Latinoamericanos y
Caribeños, cuyo nacimiento fue acordado en Febrero
pasado en Cancún, México, en una Cumbre del Grupo de
Río. Se avanza, así, a la concreción del sueño
bolivariano. Hacia la conformación de una Nación de
Naciones que contribuya a la creación de un mundo
pluripolar, regido por la paz, la solidaridad y el
entendimiento entre las Naciones.
En
estos días memorables, cuando celebramos nuestra
independencia, oportuno es destacar la dimensión
histórica de Simón Bolívar, que ha sido plasmada en
la poética de Pablo Neruda:
Padre
nuestro que estás en la tierra, en el agua, en el
aire
de toda nuestra extensa latitud silenciosa,
todo lleva tu nombre, padre, en nuestra morada:
tu apellido la caña levanta a la dulzura,
el estaño bolívar tiene un fulgor bolívar,
el pájaro bolívar sobre el volcán bolívar,
la patata, el salitre, las sombras especiales,
las corrientes, las vetas de fosfórica piedra,
todo lo nuestro viene de tu vida apagada,
tu herencia fueron ríos, llanuras, campanarios,
tu herencia es el pan nuestro de cada día, padre.
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